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lunes, 17 de agosto de 2009

Otra ley que nos pone al borde del síncope


Hace 40 años en este país, el bachiller egresado de un liceo público era un Señor Bachiller, casi un licenciado, hasta que el primer gobierno del presidente Rafael Caldera emprendió una depauperación intencional y planificada de la educación pública para convertirla en negocio y entregar su administración a entes privados entre los cuales principalmente se favoreció la iglesia católica.

Así fue como liceos y universidades públicas venezolanas perdieron terriblemente su nivel de enseñanza y nadie hizo nada para remediar aquella situación. Los que pudieron pagar sólo se ocuparon de cuidar que sus hijos se formaran en escuelas o universidades privadas, pero nadie se pronunció para defender la calidad de la educación pública, para que los niños y jóvenes de las clases menos favorecidas tuvieran la misma oportunidad de acceso a una formación de excelencia que les hubiera permito desarrollar un criterio capaz de validar acciones para la construcción de un país democrático con lo cual hoy, muy probablemente un líder autoritario con una convocatoria que apela más a la tapa del estómago que a la sesuda reflexión, no sería capaz de hacerles resonancia.

Ahora que es inminente la aprobación de una Ley Orgánica de Educación con la que muchos creemos que se ponen en juego aspectos neurálgicos de la vida como lo es la libertad de pensamiento y la formación académica de nuestros hijos, nos rasgamos las vestiduras, nos declaramos desorientados sobre acciones efectivas a seguir o echamos la culpa a otros y despotricamos en contra de los “responsables” -que siempre son los demás- desesperados y asustados de que esta ley se concrete. Nadie sin embargo es capaz de girar la vista 180 grados para revisar qué cuota de responsabilidad ha tenido en la creación de este nuevo capítulo de la sucesión interminable de episodios escritos con tinta roja, en el devenir de nuestra política nacional durante los últimos 10 años, y que a muchos ha llevado casi literalmente al borde del síncope.

Llegado el momento de atribuir responsabilidades, la mayoría de los enemigos de esta tristemente famosa Ley Orgánica de Educación, señalan la falta de participación efectiva por parte de la oposición: que si todos están pensando en las vacaciones, en irse a Miami o a la playa... Yo creo que una de las fallas ciertamente es la falta de participación, pero el general encogimiento de hombros no se refiere solamente a la protesta organizada ahora que se crea una ley que nos afecta. Todavía con todo lo que ha pasado en nuestro país no queremos ver lo inminente, no asumimos que es más importante aún desarrollar la conciencia de lo egoísta y ciegos que hemos sido frente a las necesidades de la mayoría del colectivo, que a fin de cuentas ha sido la que, desatendida y abandonada, constituyó el caldo de cultivo para la proliferación del régimen que está creando estas leyes. No podemos seguir pensando y defendiendo exclusivamente - como hasta ahora hemos hecho desde la oposición- nuestros intereses de clase media, necesitamos sensibilizarnos y actuar por los intereses del país todo, entero  o de lo contrario seguiremos una y otra vez dándonos contra a pared hasta que veamos lo que tenemos que ver.

Podemos luchar, buscar, reinventar las vías, al igual que con la “Ley Mordaza”, de impedir que esta nueva Ley Orgánica de Educación se concrete en las condiciones en que está planteada, pero si no resolvemos la causa que engendró esta ley y las que vienen, de nada servirá ninguna movilización o lucha contra ellas. Para lograr un remedio efectivo es necesario ir a la causa. Si tenemos neumonía nada hacemos con tratar la tos o la fiebre solamente. O acabas con la bacteria o con el virus que produce la neumonía o no se resuelve el problema. Y el problema no es un dirigente de un régimen en particular, el problema somos todos los venezolanos que en conjunto hemos coproducido esta realidad. 

Berna Iskandar
Nota: Las opiniones emitidas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad de la autora


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martes, 4 de agosto de 2009

La indignación y frustración del venezolano

Cada día, y especialmente en estos, se acentúa un sentimiento general de indignación y frustración en nuestro país lo cual se agrava por la falta de liderazgo con capacidad de convocatoria que canalice acciones colectivas de modo que constituyan un contrapeso importante para la transformación del caos que ha provocado y provoca tales sentimientos. Quizás los líderes en potencia pululan por ahí pero, sordos, ciegos e inconscientes, no les damos el reconocimiento y por lo tanto el poder que necesitan para saltar a la palestra.

Tal vez la indignación y la frustración rebasan la capacidad de dar respuestas y soluciones porque no estamos listos aún para darnos cuenta de la verdadera causa que origina este estado general de insatisfacción, perdidos como andamos en la tarea de buscar responsables fuera de nosotros mismos y de nuestro ámbito inmediato, que a fin de cuentas, es el único que podemos modificar.

El desafío es entonces encontrar las causas que dependen de nosotros como individuos, miembros de una familia, de una empresa o una comunidad donde sí que tenemos el poder para ejecutar la transformación efectiva. La demanda es de autocrítica individual, de evolución personal de conciencia, de educarnos para escuchar, ver y reconocer las necesidades colectivas, de aprender a identificar cuándo y de qué modo dañamos a otros y sensibilizarnos en la necesidad de evitar ese daño, para incorporar en nosotros los valores ciudadanos, los valores de respeto, de ética para la convivencia y por lo tanto prepararnos para reconocer a los líderes capaces de orientarnos hacia esa meta.

Si no somos capaces de comenzar por ponernos de acuerdo dentro de nuestros núcleos familiares a través de formas respetuosas y democráticas porque la vía más fácil, conocida y expedita es la del autoritarismo. Si nos negamos a negociar la necesidad de autosatisfacción inmediata tomando en cuenta el interés y las necesidades del sistema familiar y sus miembros. Si no tenemos la iniciativa de cooperar con las tareas y responsabilidades del hogar, si no ponemos todos y cada uno de nuestra parte en lugar de dejar el mayor peso sobre un solo par de hombros. Si no podemos darnos cuenta cuando actuamos desde el sentido de uso y no de pertenencia dentro de nuestro ámbito más sagrado e importante como lo es el hogar (entro y salgo cuando quiero, consumo, produzco basura, ensucio, uso los servicios pero que otro se encargue de limpiar, pagar y mantener o sino de resolver quien lo haga, mientras no doy nada o doy lo menos posible en términos de tiempo, de esfuerzo, de cooperación y dinero para participar de las responsabilidades del hogar).

Si nadie nos inculcó la noción o simplemente no nos da la gana de tener la madurez de esperar a que los otros salgan primero del ascensor, del autobús o del vagón del metro para hacer más fácil y menos atropellada la entrada. Si no podemos esperar a que el semáforo se ponga en verde para pasar, o ser amables y ceder el paso a otro carro en el tráfico atascado, o respetar la cola en el banco. Si robamos “tonterías” en las tiendas. Si usamos el hombrillo como canal rápido de la autopista. Si echamos el papel, el vaso, la lata de cerveza por la ventanilla del carro o en la acera de la calle o el piso del hospital, la plaza, el parque. Si ponemos la música que nos gusta a todo volumen en cualquier parte, insensibles frente a la perturbación que causamos en los vecinos. Si cuando pagamos una compra nos quedamos con el cambio de más, aunque nos damos cuenta del error . Si validamos y consentimos hechos delincuenciales como si fueran normales y deseables... ¿cómo podemos entonces pedir, clamar, exigir por un país donde los líderes no enseñoreen el abuso, la arbitrariedad, el caos y el autoritarismo? ¿es que si saltara a la palestra un líder sensato, inteligente, con las cualidades para orientarnos hacia un modelo más cercano al democrático que respete el Estado de Derecho y conlleve a una mejor calidad de vida, lo reconoceríamos y lo seguiríamos? ¿cómo podemos re-conocer lo que no conocemos de antemano, lo que no nos es familiar, las cualidades que no hemos incorporado a nuestra forma de vida, los valores que no hemos practicado antes? ¿Cuándo vamos a despertar, cuándo vamos a hacernos conscientes de que vivimos en un sistema y que cada uno de nosotros es una unidad de este sistema, estrechamente vinculada al resto de los componentes (desde el más próximo al más lejano) de este vasto agregado que constituye una familia, un país, un planeta y que cualquier cosa que hacemos u omitimos afecta al conjunto y se revierte hacia nosotros?

Somos, cada uno de nosotros una expresión individual de la inconsciencia, que sumada, da como resultado este caos a gran escala que nos lleva a tanta frustración e indignación y estamos como la serpiente que se muerde la cola, encerrados en el círculo de nuestra propia aniquilación.

Berna Iskandar

Fracaso (...) Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías,
más precioso que todos los triunfos.
Rafael Cadenas



Email: conocemimundo@gmail.com