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miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Qué es el colecho?

Por Berna Iskandar
Cuna colecho vía www.bebesmundo.com

Como colecho se entiende la práctica de dormir con los bebés o hijos pequeños, en cama conjunta. Es una costumbre que no constituye ninguna novedad puesto que se ha hecho siempre a lo largo de la historia de la humanidad como una práctica natural que responde intuitivamente a nuestras  necesidades mamíferas de contacto durante la noche cuando todo se vuelve oscuro y amenazante, y por otra parte, como una forma de acompasar los ritmos ynecesidades del niño con los de la familia, de manera de lograr dormir, todos, lo mejor posible.  Sigue siendo una costumbre muy extendida. La novedad es que ha sido censurada por la opinión de algunos especialistas que basan su postura en teorías conductistas, lo cual ha generado que muchos padres quienes practican colecho se sientan criticados, inseguros, culpables y no lo manifiesten abiertamente. Es decir, que muchas familias modernas, occidentales, hacen colecho “en closet”, y otras quisieran, pero no se atreven. Sin embargo en los últimos años, muchos especialistas basados en los nuevos descubrimientos de la neurociencia,  han comenzado a reconocer y divulgar los beneficios del colecho, por lo que  cada vez es asumido y practicado más abierta y  extendidamente entre los padres con tendencia a responder a lo que les dicta la intuición y volver hacia los métodos naturales de crianza.

Algunas  investigaciones han demostrado que el colecho nutre los vínculos,   regula y sincroniza patrones de sueño, respiración, etc.,  de la madre y de su bebé;  ayuda a la madre a despertar la sensibilidad  hacia  las necesidades de su bebé e influye en el mantenimiento de la producción de leche, por tanto favorece la lactancia materna.  También se ha evidenciado que aquellos niños que compartieron camas con sus padres desarrollan las bases para ser más independientes, tranquilos, seguros y optimistas.

Los médicos y expertos defensores del colecho, afirman que esta práctica contribuye a disminuir el riesgo de síndrome de muerte súbita en el lactante siempre que se realice un colecho seguro, por lo que  desaconsejan dormir con los hijos si se padece de obesidad, si la madre es fumadora o ha fumado durante el embarazo,  si los padres han tomado drogas, alcohol, están muy cansados o en condiciones de hacinamiento. Una alternativa de colecho, es mantener  la cuna o moisés pegada a la cama de los padres para no tener que levantarse en las noches y facilitar así los beneficios del contacto con el bebé durante una etapa en que los despertares nocturnos del pequeño son naturales y frecuentes.


Enlaces relacionados:

Dulces sueños

La ciencia del sueño infantil 

 

Twitter. @conocemimundo

 

¿Qué es el colecho?

Por Berna Iskandar
Cuna colecho vía www.bebesmundo.com

Como colecho se entiende la práctica de dormir con los bebés o hijos pequeños, en cama conjunta. Es una costumbre que no constituye ninguna novedad puesto que se ha hecho siempre a lo largo de la historia de la humanidad como una práctica natural que responde intuitivamente a nuestras  necesidades mamíferas de contacto durante la noche cuando todo se vuelve oscuro y amenazante, y por otra parte, como una forma de acompasar los ritmos ynecesidades del niño con los de la familia, de manera de lograr dormir, todos, lo mejor posible.  Sigue siendo una costumbre muy extendida. La novedad es que ha sido censurada por la opinión de algunos especialistas que basan su postura en teorías conductistas, lo cual ha generado que muchos padres quienes practican colecho se sientan criticados, inseguros, culpables y no lo manifiesten abiertamente. Es decir, que muchas familias modernas, occidentales, hacen colecho “en closet”, y otras quisieran, pero no se atreven. Sin embargo en los últimos años, muchos especialistas basados en los nuevos descubrimientos de la neurociencia,  han comenzado a reconocer y divulgar los beneficios del colecho, por lo que  cada vez es asumido y practicado más abierta y  extendidamente entre los padres con tendencia a responder a lo que les dicta la intuición y volver hacia los métodos naturales de crianza.

Algunas  investigaciones han demostrado que el colecho nutre los vínculos,   regula y sincroniza patrones de sueño, respiración, etc.,  de la madre y de su bebé;  ayuda a la madre a despertar la sensibilidad  hacia  las necesidades de su bebé e influye en el mantenimiento de la producción de leche, por tanto favorece la lactancia materna.  También se ha evidenciado que aquellos niños que compartieron camas con sus padres desarrollan las bases para ser más independientes, tranquilos, seguros y optimistas.

Los médicos y expertos defensores del colecho, afirman que esta práctica contribuye a disminuir el riesgo de síndrome de muerte súbita en el lactante siempre que se realice un colecho seguro, por lo que  desaconsejan dormir con los hijos si se padece de obesidad, si la madre es fumadora o ha fumado durante el embarazo,  si los padres han tomado drogas, alcohol, están muy cansados o en condiciones de hacinamiento. Una alternativa de colecho, es mantener  la cuna o moisés pegada a la cama de los padres para no tener que levantarse en las noches y facilitar así los beneficios del contacto con el bebé durante una etapa en que los despertares nocturnos del pequeño son naturales y frecuentes.


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Dulces sueños

La ciencia del sueño infantil 

 

 

viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Autorregulación o entrenamiento?


Decía John Stuart Mill, que la presión social constituye una amenaza mucho más grande para la libertad, que los decretos de cualquier tirano.  Y es precisamente  la presión social, la que a menudo, nos induce a violentar los propios ritmos madurativos de nuestros hijos durante la crianza. Lo hacemos de infinitas maneras que pasan desapercibidas. Para darnos cuenta necesitamos usar unos lentes muy especiales.
Veamos. Así como nadie tiene que enseñar a un recién nacido a respirar, ni a llorar,   tampoco hay que enseñar a un niño pequeño cómo o cuántas veces pegarse al pecho de la madre. Tampoco hay que enseñarlo a dormir, orinar o hacer caca,  ni a comer, ni a caminar. Para que cualquier individuo de la especie animal -incluido el humano-  adquiera y desarrolle las conductas naturales de su especie, no es necesario forzar ni entrenar.  Si el individuo es sano y no presenta patologías, consolidará dichas conductas por autorregulación. Escribir o tocar el piano, por ejemplo, pueden ser habilidades que requieran ser aprendidas con uno u otro método. Pero al igual que un pez comienza a nadar y un ciervo recién nacido comienza a andar,  las actividades naturales de los humanos surgen y se consolidan por autorregulación y no por entrenamiento.
El sueño y la alimentación infantil, así como el control de esfínteres o retirada del pañal, son los aspectos de la crianza donde con más frecuencia es violentado el proceso  de autorregulación de los pequeños. Y esto lo hacemos respondiendo a la presión social, que intenta imponer pautas externas creadas por una cultura o civilización  cada vez más desconectada con los ritmos y procesos naturales.
Amamantar con horarios o tiempos preestablecidos que no responden a las demandas del bebé, garantiza el fracaso de la lactancia materna y con ello arrancar al niño de la fuente óptima para construir aspectos neurálgicos de su salud emocional y física, presente y futura. 
Queremos que los pequeños duerman toda la noche de un tirón para que se acoplen con nuestra rutina adulta, pero un niño no puede tener el mismo comportamiento para dormir que tiene un adulto, porque aún no ha adquirido las mismas etapas de sueño. Un pequeño hasta los cinco años, se despierta con frecuencia por razones de sobrevivencia. De hecho los adultos experimentamos micro despertares nocturnos, entre otras razones, para reconocer las amenazas del ambiente, pero ya estamos aptos para volvernos a dormir solos, incluso sin darnos cuenta. En cambio los niños pequeños, que aún no han adquirido la capacidad de conciliar de nuevo el sueño por ellos mismos, necesitan llamar a sus padres toda vez que se despiertan. ¿Por qué?: para no morir de una hipoglucemia o asfixiados  o porque no cuentan con los recursos psicológicos para gestionar por sí solos el miedo y el desamparo que experimentan alejados del cuerpo que les da calor y seguridad.
Con el control de esfínteres pasa otro tanto. Los pequeños necesitan alcanzar la madurez fisiológica y psicológica que, según los expertos  -tomando en cuenta las diferencias interindividuales- se consolida alrededor de los dos a los cinco años.  Forzar la retirada del pañal cuando el niño no está preparado para ello neurológica, fisiológica o psicológicamente, equivale a violentarlo y seguramente traerá secuelas.
Criar sin violencia no significa únicamente proscribir los gritos o el castigo físico. También significa respetar el ritmo evolutivo individual de cada niño, preservándolo de la presión social con sus ritmos inyectados desde afuera,  que nada tienen que ver con las genuinas necesidades de desarrollo de los pequeños. Si desde niños somos forzados a divorciarnos de nuestros ritmos naturales y a desoír nuestro cuerpo,  el resultado será la pérdida de conexión con la propia sabiduría e intuición.  




Enlaces relacionados 

El rapto de la lactancia materna 
Dulces sueños
La retirada del pañal ¿se enseña o sucede por si sola?
El mito de los niños independientes
@conocemimundo

 

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Veamos. Así como nadie tiene que enseñar a un recién nacido a respirar, ni a llorar,   tampoco hay que enseñar a un niño pequeño cómo o cuántas veces pegarse al pecho de la madre. Tampoco hay que enseñarlo a dormir, orinar o hacer caca,  ni a comer, ni a caminar. Para que cualquier individuo de la especie animal -incluido el humano-  adquiera y desarrolle las conductas naturales de su especie, no es necesario forzar ni entrenar.  Si el individuo es sano y no presenta patologías, consolidará dichas conductas por autorregulación. Escribir o tocar el piano, por ejemplo, pueden ser habilidades que requieran ser aprendidas con uno u otro método. Pero al igual que un pez comienza a nadar y un ciervo recién nacido comienza a andar,  las actividades naturales de los humanos surgen y se consolidan por autorregulación y no por entrenamiento.
El sueño y la alimentación infantil, así como el control de esfínteres o retirada del pañal, son los aspectos de la crianza donde con más frecuencia es violentado el proceso  de autorregulación de los pequeños. Y esto lo hacemos respondiendo a la presión social, que intenta imponer pautas externas creadas por una cultura o civilización  cada vez más desconectada con los ritmos y procesos naturales.
Amamantar con horarios o tiempos preestablecidos que no responden a las demandas del bebé, garantiza el fracaso de la lactancia materna y con ello arrancar al niño de la fuente óptima para construir aspectos neurálgicos de su salud emocional y física, presente y futura. 
Queremos que los pequeños duerman toda la noche de un tirón para que se acoplen con nuestra rutina adulta, pero un niño no puede tener el mismo comportamiento para dormir que tiene un adulto, porque aún no ha adquirido las mismas etapas de sueño. Un pequeño hasta los cinco años, se despierta con frecuencia por razones de sobrevivencia. De hecho los adultos experimentamos micro despertares nocturnos, entre otras razones, para reconocer las amenazas del ambiente, pero ya estamos aptos para volvernos a dormir solos, incluso sin darnos cuenta. En cambio los niños pequeños, que aún no han adquirido la capacidad de conciliar de nuevo el sueño por ellos mismos, necesitan llamar a sus padres toda vez que se despiertan. ¿Por qué?: para no morir de una hipoglucemia o asfixiados  o porque no cuentan con los recursos psicológicos para gestionar por sí solos el miedo y el desamparo que experimentan alejados del cuerpo que les da calor y seguridad.
Con el control de esfínteres pasa otro tanto. Los pequeños necesitan alcanzar la madurez fisiológica y psicológica que, según los expertos  -tomando en cuenta las diferencias interindividuales- se consolida alrededor de los dos a los cinco años.  Forzar la retirada del pañal cuando el niño no está preparado para ello neurológica, fisiológica o psicológicamente, equivale a violentarlo y seguramente traerá secuelas.
Criar sin violencia no significa únicamente proscribir los gritos o el castigo físico. También significa respetar el ritmo evolutivo individual de cada niño, preservándolo de la presión social con sus ritmos inyectados desde afuera,  que nada tienen que ver con las genuinas necesidades de desarrollo de los pequeños. Si desde niños somos forzados a divorciarnos de nuestros ritmos naturales y a desoír nuestro cuerpo,  el resultado será la pérdida de conexión con la propia sabiduría e intuición.  




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