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miércoles, 8 de mayo de 2013

Crianza con apego y crianza respetuosa ¿son la misma cosa?

Por Berna Iskandar


La crianza con apego parte de la teoría del apego propuesta originalmente por el psiquiatra infantil John Bowlby  quien sostuvo y demostró -a través de estudios y observaciones directas con niños- que la necesidad de contacto, proximidad, mirada, cuerpo, consuelo… satisfechas de manera constante por parte de un adulto significativo que sepa reconocer e interpretar las necesidades del niño, constituye la base del sano desarrollo del ser humano.  Difiere del planteamiento de Sigmund Freud, quien estudió la impronta de la infancia a través del adulto mediante el psicoanálisis y no directamente en niños como lo hizo Bowlby. Por otra parte el padre del psicoanálisis califica el deseo de apego del bebé como un producto secundario derivado del deseo de satisfacer la necesidad primaria de llegar al alimento que ofrece la madre (el bebé siente deseo  de apego hacia la madre porque sabe que en ella encontrará la fuente de alimento). Bolwby, el padre de la teoría del apego,  en cambio, revela y demuestra que al igual que alimentarse, el apego en sí mismo ya es una necesidad primaria, tan potente y vital para garantizar la sobrevivencia y el desarrollo saludable de los seres humanos.

Somos mamíferos, primates (muy sofisticados pero lo somos) por lo tanto dependemos del contacto piel con piel para sentir afecto y seguridad, sobre todo cuando somos crías completamente carentes de autonomía y muy dependientes para sobrevivir. Estar en contacto permanente con el cuerpo de la madre nos permite sentirnos seguros, a salvo. Sentir la piel, el olor, la voz, los latidos de la madre, es nuestra  garantía de sobrevivencia y es el modo de percibir seguridad, placer, amor, confianza. Un bebé desde el primer momento en que registra una necesidad y hasta que la misma es cubierta,  atraviesa un lapso de experiencia en extremo sufriente, en el cual se llena de estrés y de miedo, porque biológicamente registra amenaza a la sobrevivencia.  Por eso la crianza con apego derrumba el mito de que debemos enseñar a los bebés a “tolerar la frustración”, y propone satisfacer de inmediato y continuamente las necesidades del bebé previniendo así que sus niveles de estrés aumenten y perjudiquen su desarrollo cerebral y emocional.

Aunque lo hayamos perdido de vista, somos descendientes de antepasados humanos que llevaban a sus crías todo el tiempo en brazos o colgadas en pareos, dormían con ellas, las alimentaban con pecho durante años, las criaban piel con piel, sin dejarlas llorar, y todo esto porque de otro modo no hubiéramos sobrevivido como especie. Retomar esas prácticas es lo que propone la crianza con apego, porque  aunque ya no vivamos en cuevas al acecho de fieras predadoras, sino en hogares más seguros,  los bebés de hoy siguen respondiendo a las mismas características biológicas  de los bebés de hace millones de años. 

La crianza con apego se inscribe dentro de los principios de la crianza respetuosa, aunque hace énfasis en los primeros años de vida del niño o la niña, durante los cuales atraviesan el período de mayor dependencia de la madre para subsistir. Sin embargo un niño a cualquier edad, según sea la característica de su momento evolutivo, siempre necesita establecer un apego seguro con adultos significativos. Necesita para su sano desarrollo, al igual que comer y respirar, contar con la certidumbre que le prodiga saber y experimentar que hay uno o varios adultos  a su cargo, responsivos y en conexión con su alma infantil.

Los principios de la crianza respetuosa podrían resumirse en cuatro aspectos fundamentales, los puntos 2 y 3 se vinculan directamente a la crianza con apego:

1.     Horizontalidad: Tratar a los niños como a iguales. No hacer al niño lo que no nos gustaría que nos hicieran.
2.     Empatía: ser capaces de sintonizar con el alma infantil de nuestros pequeños, reconocer y valorar sus necesidades auténticas sin degradarlas a la condición de capricho.
3.     Ser responsivos de inmediato y sostenidamente ante las necesidades, sentires y expresiones del niño.
4.     Límites y disciplina razonable, no punitiva, flexible, democrática, humanizada, respetuosa de los derechos del niño.

Enlaces relacionados:

Para un cerebro sano, mucho amor, mimos y brazos

Lo dijo el pediatra Carlos González en Conoce Mi Mundo

 





Twitter. @conocemimundo




Crianza con apego y crianza respetuosa ¿son la misma cosa?

Por Berna Iskandar


La crianza con apego parte de la teoría del apego propuesta originalmente por el psiquiatra infantil John Bowlby  quien sostuvo y demostró -a través de estudios y observaciones directas con niños- que la necesidad de contacto, proximidad, mirada, cuerpo, consuelo… satisfechas de manera constante por parte de un adulto significativo que sepa reconocer e interpretar las necesidades del niño, constituye la base del sano desarrollo del ser humano.  Difiere del planteamiento de Sigmund Freud, quien estudió la impronta de la infancia a través del adulto mediante el psicoanálisis y no directamente en niños como lo hizo Bowlby. Por otra parte el padre del psicoanálisis califica el deseo de apego del bebé como un producto secundario derivado del deseo de satisfacer la necesidad primaria de llegar al alimento que ofrece la madre (el bebé siente deseo  de apego hacia la madre porque sabe que en ella encontrará la fuente de alimento). Bolwby, el padre de la teoría del apego,  en cambio, revela y demuestra que al igual que alimentarse, el apego en sí mismo ya es una necesidad primaria, tan potente y vital para garantizar la sobrevivencia y el desarrollo saludable de los seres humanos.

Somos mamíferos, primates (muy sofisticados pero lo somos) por lo tanto dependemos del contacto piel con piel para sentir afecto y seguridad, sobre todo cuando somos crías completamente carentes de autonomía y muy dependientes para sobrevivir. Estar en contacto permanente con el cuerpo de la madre nos permite sentirnos seguros, a salvo. Sentir la piel, el olor, la voz, los latidos de la madre, es nuestra  garantía de sobrevivencia y es el modo de percibir seguridad, placer, amor, confianza. Un bebé desde el primer momento en que registra una necesidad y hasta que la misma es cubierta,  atraviesa un lapso de experiencia en extremo sufriente, en el cual se llena de estrés y de miedo, porque biológicamente registra amenaza a la sobrevivencia.  Por eso la crianza con apego derrumba el mito de que debemos enseñar a los bebés a “tolerar la frustración”, y propone satisfacer de inmediato y continuamente las necesidades del bebé previniendo así que sus niveles de estrés aumenten y perjudiquen su desarrollo cerebral y emocional.

Aunque lo hayamos perdido de vista, somos descendientes de antepasados humanos que llevaban a sus crías todo el tiempo en brazos o colgadas en pareos, dormían con ellas, las alimentaban con pecho durante años, las criaban piel con piel, sin dejarlas llorar, y todo esto porque de otro modo no hubiéramos sobrevivido como especie. Retomar esas prácticas es lo que propone la crianza con apego, porque  aunque ya no vivamos en cuevas al acecho de fieras predadoras, sino en hogares más seguros,  los bebés de hoy siguen respondiendo a las mismas características biológicas  de los bebés de hace millones de años. 

La crianza con apego se inscribe dentro de los principios de la crianza respetuosa, aunque hace énfasis en los primeros años de vida del niño o la niña, durante los cuales atraviesan el período de mayor dependencia de la madre para subsistir. Sin embargo un niño a cualquier edad, según sea la característica de su momento evolutivo, siempre necesita establecer un apego seguro con adultos significativos. Necesita para su sano desarrollo, al igual que comer y respirar, contar con la certidumbre que le prodiga saber y experimentar que hay uno o varios adultos  a su cargo, responsivos y en conexión con su alma infantil.

Los principios de la crianza respetuosa podrían resumirse en cuatro aspectos fundamentales, los puntos 2 y 3 se vinculan directamente a la crianza con apego:

1.     Horizontalidad: Tratar a los niños como a iguales. No hacer al niño lo que no nos gustaría que nos hicieran.
2.     Empatía: ser capaces de sintonizar con el alma infantil de nuestros pequeños, reconocer y valorar sus necesidades auténticas sin degradarlas a la condición de capricho.
3.     Ser responsivos de inmediato y sostenidamente ante las necesidades, sentires y expresiones del niño.
4.     Límites y disciplina razonable, no punitiva, flexible, democrática, humanizada, respetuosa de los derechos del niño.

Enlaces relacionados:

Para un cerebro sano, mucho amor, mimos y brazos

Lo dijo el pediatra Carlos González en Conoce Mi Mundo

 









domingo, 4 de diciembre de 2011

Para un cerebro sano, mucho amor, mimos y brazos



En este camino que elegí transitar como divulgadora de temas de crianza respetuosa,  me he dado cuenta  de que para cuidar bien a nuestros pequeños, más que aprender, necesitamos desaprender, regresar a lo que nos dicta el instinto, retomar prácticas que responden al diseño mamífero de estos primates sofisticados que somos, rescatar costumbres inteligentes porque son las que han garantizado, a lo largo de milenios, nuestra sobrevivencia como especie.  Sí, porque aunque lo hayamos perdido de vista, somos descendientes de antepasados humanos que llevaban a sus crías todo el tiempo en brazos o colgadas en pareos, dormían con ellas, las alimentaban con pecho durante años, las criaban piel con piel, con mucho apego, sin dejarlas llorar, y todo esto porque de otro modo no hubiéramos sobrevivido como especie.  
En algún momento comenzamos a cambiar las costumbres y a distanciarnos cada vez más de nuestro instinto, sin imaginar cómo esta desconexión afectaría la sana construcción de nuestro bagaje emocional y de nuestro cerebro.  Hoy, la neurociencia lo explica claramente y nos revela cómo la manera en que atendemos a nuestros bebés, determina el desarrollo cerebral, la capacidad de respuesta emocional, de aprendizaje y la posibilidad de padecer o no, enfermedades mentales, conductas violentas, antisociales o delincuenciales en un futuro.  Si me pidieran que resumiera en una frase la conclusión de estos estudios, diría que, para un cerebro sano nada mejor que prodigar al bebé humano, infinitas dosis de amor, brazos, mimos y teta.
Para comprender esta afirmación, es necesario explicar porqué nuestro cerebro  es el único de toda la especie animal que nace a medio construir. Hagamos el cuento corto: por un lado nuestros antepasados prehumanos comenzaron a evolucionar hacia lo que ahora somos y pasaron de, desplazarse en cuatro patas, a erguirse y caminar en dos piernas. Esto provocó que se estrechara la pelvis. Por otro lado, el desarrollo de la inteligencia hizo necesario un cerebro y un cráneo más grandes.  Con ambas mutaciones (pelvis más estrecha y cabeza más grande), para poder salir del vientre materno,  el ser humano se convirtió en la única especie que nace con un cerebro sin completar.
La doctora Sue Gerhardt, investigadora británica y autora del libro “Why Love Matters” explica que  durante los tres primeros años de vida del ser humano  se desarrollan muchos sistemas importantes del cerebro, especialmente los encargados de gestionar la respuesta emocional y el aprendizaje. Los diferentes circuitos bioquímicos en el cerebro superior comienzan a desarrollarse durante el período crucial después del nacimiento. El ser humano no nace con ellos   sino que se construyen mejor o peor, dependiendo de los cuidados, la contención y el afecto que reciben o no los bebés.
Sepamos, además, que un bebé se estresa fácilmente. Por ejemplo, el sólo hecho de mantenerse alejado del cuerpo de la madre le supone el  terror de sentir amenaza de muerte. Esto hace que segregue cortisol (la famosa hormona del estrés) que un bebé  no está equipado para gestionar por sí solo. El cortisol sabotea el desarrollo adecuado de su cerebro en formación, provocando atrofias y distorsiones que luego devienen en problemas de aprendizaje, impulsividad y violencia. Por eso Sue Gerhardt afirma, con muchísima razón, que la mejor manera de prevenir las enfermedades mentales, la delincuencia y la violencia es ocuparse adecuadamente de los bebés.
Comprenderán entonces, que mimar no es malcriar, sino todo lo contrario. La crianza con apego que equivale a llevar a tu bebé siempre en brazos, dormir con él (colecho), prodigarle consuelo permanente, lactancia materna a demanda, apaciguarlo con cuerpo materno constante… favorece el sano desarrollo de su cerebro. Así que no esperemos más para seguir la infinitamente sabia voz de nuestro instinto.

 La manera en que atendemos a nuestros bebés determina el desarrollo de su cerebro y su capacidad de respuesta emocional, aprendizaje y   la posibilidad de desarrollar o no, conductas violentas, antisociales o delincuenciales en un futuro. Entérate de más detalles en esta emisión ampliada
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