miércoles, 2 de octubre de 2013

No te vayas a escondidas, despídete de tus peques


Dejar a otro sin acceso a saber qué es lo que pasa equivale a tenerlo prisionero. Porque el otro no puede tomar decisiones respecto de nada. Laura Gutman.


He escrito acerca de la importancia de hablar con claridad a nuestros pequeños, al margen de que estén o no en capacidad de manejar el lenguaje verbal. De cómo un niño puede elaborar mucho mejor la experiencia, darle estructura y asimilarla progresivamente, cuando nombramos y explicamos con palabras, de un modo transparente,  todo lo que acontece. El momento de salir y dejar a nuestros niños al cuidado de otras personas no es la excepción. Sea que los dejemos en casa, en la escuela o en otro lugar, siempre es necesario y es deseable despedirnos de nuestros pequeños, en lugar de irnos sin explicación alguna o a escondidas cuando estén descuidados o mientras alguien los distrae. De hecho, los adultos esperamos  que  nos avisen o se despidan de nosotros antes de que la pareja, algún miembro de la familia o un amigo se marche ¿cierto?.

Los adultos hemos perdido memoria factual de nuestras historias infantiles y solemos interpretar como tonterías o como asuntos insignificantes, vivencias que para un niño suponen algo muy grande y en las que pasan por mucho miedo o angustia. La separación de un niño pequeño de su madre, padre o figura de apego principal, es una de estas experiencias. Un niño pequeño alejado de su cuidador, sufre. Para un peque o una peque, su madre o padre son las personas más importantes, sin las cuales no sabe si va a sobrevivir o no. Por otra parte, un niño pequeño no tiene la misma capacidad para discernir la noción del tiempo ni del espacio que tiene un adulto. Ellos no reconocen la diferencia entre una hora, un día o una eternidad. Los niños pequeños tampoco tienen noción de “permanencia del objeto”, es decir, si no lo tienen delante, si no lo pueden oír, oler o tocar,  no pueden inferir que dicho objeto o persona aún existe, aunque se encuentre en otra parte. Cuando mamá o papá desaparecen del campo visual de un pequeño, éste no sabe si va a regresar, sólo percibe  que no está y siente incertidumbre.

Es importante ayudar a los pequeños a crear progresivamente la noción de espacio y tiempo a través de la experiencia. Es por ello que antes de irnos y aunque lloren,  siempre es mucho más sano y lógico despedirnos de los niños, contenerlos y explicarles a dónde vamos, qué haremos, cuándo regresáremos, con quién o quiénes los dejaremos, etc.. Realizar un ritual de despedida, relatar lo que está ocurriendo y lo que vendrá, ayuda al niño a  dar estructura a la experiencia. Siempre es más sano, tanto para padres  e hijos, adultos y niños,  permitirnos conectar conscientemente y nombrar aquello que nos pasa o sentimos genuinamente. Esto incluye cada pequeño duelo que suscita la breve separación.   
Recordemos que los niños son pequeños, pero no son tontos. Ellos tienen derecho a ser tratados con respeto a su integridad como personas, a que se les reconozca y favorezca el desarrollo de sus capacidades. Los niños tienen derecho a que les digamos siempre la verdad. Así crearemos las condiciones que les facultarán para integrar la realidad de lo que acontece y su vivencia subjetiva con coherencia, lo cual equivale a construir salud mental y emocional.


Enlaces relacionados

La importancia de palabrear a los niños

Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran

Período de adaptación escolar

Al irnos de casa, ¿despedirse del niño o desaparecer? Vía bebesymas

 

 


Twitter. @conocemimundo

No te vayas a escondidas, despídete de tus peques


Dejar a otro sin acceso a saber qué es lo que pasa equivale a tenerlo prisionero. Porque el otro no puede tomar decisiones respecto de nada. Laura Gutman.


He escrito acerca de la importancia de hablar con claridad a nuestros pequeños, al margen de que estén o no en capacidad de manejar el lenguaje verbal. De cómo un niño puede elaborar mucho mejor la experiencia, darle estructura y asimilarla progresivamente, cuando nombramos y explicamos con palabras, de un modo transparente,  todo lo que acontece. El momento de salir y dejar a nuestros niños al cuidado de otras personas no es la excepción. Sea que los dejemos en casa, en la escuela o en otro lugar, siempre es necesario y es deseable despedirnos de nuestros pequeños, en lugar de irnos sin explicación alguna o a escondidas cuando estén descuidados o mientras alguien los distrae. De hecho, los adultos esperamos  que  nos avisen o se despidan de nosotros antes de que la pareja, algún miembro de la familia o un amigo se marche ¿cierto?.

Los adultos hemos perdido memoria factual de nuestras historias infantiles y solemos interpretar como tonterías o como asuntos insignificantes, vivencias que para un niño suponen algo muy grande y en las que pasan por mucho miedo o angustia. La separación de un niño pequeño de su madre, padre o figura de apego principal, es una de estas experiencias. Un niño pequeño alejado de su cuidador, sufre. Para un peque o una peque, su madre o padre son las personas más importantes, sin las cuales no sabe si va a sobrevivir o no. Por otra parte, un niño pequeño no tiene la misma capacidad para discernir la noción del tiempo ni del espacio que tiene un adulto. Ellos no reconocen la diferencia entre una hora, un día o una eternidad. Los niños pequeños tampoco tienen noción de “permanencia del objeto”, es decir, si no lo tienen delante, si no lo pueden oír, oler o tocar,  no pueden inferir que dicho objeto o persona aún existe, aunque se encuentre en otra parte. Cuando mamá o papá desaparecen del campo visual de un pequeño, éste no sabe si va a regresar, sólo percibe  que no está y siente incertidumbre.

Es importante ayudar a los pequeños a crear progresivamente la noción de espacio y tiempo a través de la experiencia. Es por ello que antes de irnos y aunque lloren,  siempre es mucho más sano y lógico despedirnos de los niños, contenerlos y explicarles a dónde vamos, qué haremos, cuándo regresáremos, con quién o quiénes los dejaremos, etc.. Realizar un ritual de despedida, relatar lo que está ocurriendo y lo que vendrá, ayuda al niño a  dar estructura a la experiencia. Siempre es más sano, tanto para padres  e hijos, adultos y niños,  permitirnos conectar conscientemente y nombrar aquello que nos pasa o sentimos genuinamente. Esto incluye cada pequeño duelo que suscita la breve separación.   
Recordemos que los niños son pequeños, pero no son tontos. Ellos tienen derecho a ser tratados con respeto a su integridad como personas, a que se les reconozca y favorezca el desarrollo de sus capacidades. Los niños tienen derecho a que les digamos siempre la verdad. Así crearemos las condiciones que les facultarán para integrar la realidad de lo que acontece y su vivencia subjetiva con coherencia, lo cual equivale a construir salud mental y emocional.


Enlaces relacionados

La importancia de palabrear a los niños

Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran

Período de adaptación escolar

Al irnos de casa, ¿despedirse del niño o desaparecer? Vía bebesymas

 

 



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gotas de agua. ¿Separar o no a los hermanos del aula?


-->
Hoy les traigo muy buenas noticias. Un estupendo documental de licencia libre   circula  en Internet. Se titula “Gotas de agua”.  La producción realizada con el propósito de reflexionar sobre la decisión de separar de aula o no a los hermanos múltiples (mellizos, trillizos, etc.) y que plantea preguntas sobre quiénes deben tomar dicha decisión, fue impulsada por Meritxell Palou (madre de gemelas) quien ha padecido la experiencia de separación de salón de sus hijas en contra de su voluntad y por imposición de la escuela.  

En “Gotas de agua”, participan excelentes especialistas. Algunos frecuentemente citados y recomendados por esta servidora, tales como, Elena Mayorga, Ramón Soler, Alejandro Busto Castelli, Rosa Jové, entre otros.   La tan necesaria iniciativa se constituye en un elemento educativo e informativo muy valioso, que bien merece la pena difundirse por todos los medios a nuestro alcance, para que llegue a la mayoría de las familias con múltiples y también a las personas que estén o no involucradas en la atención infantil,  en tanto que invita a cuestionar lo naturalizado y propone puntos de vista diferentes a los habituales en relación al modo en que construimos los vínculos desde  la educación y la crianza, tema que nos atañe a todos por su neurálgica importancia en la formación de sociedades sanas.

Vivimos rodeados e influidos por creencias falsas sobre lo que los niños necesitan.  La de separar a los gemelos o múltiples  en la escuela para que sean capaces de desarrollar su propia identidad, es una de ellas.  He hablado profusamente sobre la tendencia generalizada a dinamitar el vínculo de apego madre-bebé,  de patologizar el afecto y la dependencia de los niños con sus padres como si ello fuera la causa de toda suerte de males, cuando en realidad –tal y como lo dicta la intuición y lo confirma la neurociencia- es la fuente de seguridad y sano desarrollo de los pequeños. De hecho, si analizamos bien,  veremos que los seres humanos no alcanzamos a ser completamente independientes. Somos por definición seres sociales, por tanto interdependientes. Fruto de nuestra naturaleza gregaria nos necesitamos unos a otros para sobrevivir.  Sumemos a esto, el hecho de que en el caso de los múltiples el vínculo es íntimo y muy especial, porque se crea desde el vientre materno y se profundiza con el devenir del tiempo. Se podría decir que en el caso de múltiples, la simbiosis  no se establece únicamente entre mamá y bebé sino entre los hermanos, manteniéndose de por vida, incluso después del desprendimiento natural de la fusión con la madre, tal y como aclara en el documental, Elena Mayorga, terapeuta y directora de la revista Mente Libre.

El sistema educativo se empeña en separar a los múltiples, partiendo muchas veces de creencias atávicas, que responden a determinados intereses y a la comodidad adulta más que a la necesidad de los hermanos.  “…El sentir y estar cerca  a través de la piel, el estar rodeados de redes y de estructuras vinculares que nos apoyan, no puede ser un problema para el desarrollo de ningún ser humano… hay temor a la fuerza del grupo, a la fuerza del colectivo….ojalá vayamos despertando…”. Con estas palabras el psicólogo Alejandro Bustos, explica lo que pare él constituye la causa  subyacente  tras la decisión de separar múltiples por parte del sistema educativo.    En el mismo orden de ideas el psicólogo Ramón Soler habla sobre la relación de control y manipulación hacia los niños que opera en el sistema educativo.  Así es como separando a hermanos que tienen una relación tan especial, se logra manipularlos mejor, nos explica. Se trata del paradigma de  “divide y vencerás”.  Con mucho sentido común, Soler afirma que resulta más difícil doblegar a hermanos con una relación tan estrecha como es el caso de los múltiples.

En lugar de mantener prácticas sustentadas en mitos, la escuela podría tomar en cuenta la observación de las experiencias vitales del niño, señala para este documental,  la profesora de educación infantil primaria, Naira Alamo,  quien agrega “que a pesar de que no hay estudios que lo confirmen existe la creencia de que separar (a los múltiples) les ayuda a formar mejor su identidad porque al estar juntos en la escuela pueden llegar a desarrollarse como la mitad de uno… Afirma Alamo que jamás ha estado con múltiple en el aula que no te corrigiese si lo confundieras con su hermano o con su hermana… “ellos no necesitan estar separados para saber quienes son, cuántos son y qué es lo que les gusta”, asegura desde su experiencia con los niños.

Para finalizar,  en el documental “Gotas de agua”, se despunta y argumenta sobre la importancia de reivindicar el criterio de la familia, de los padres, quienes en todo caso son los que deben tomar la decisión y quienes además respondiendo al sentido común y al instinto, a menudo desean mantener a los múltiples juntos en el aula.    

Enlaces relacionados

El mito de los niños independientes
La angustia de separación, por Carlos González 
Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran


Twitter. @conocemimundo

Gotas de agua. ¿Separar o no a los hermanos del aula?


-->
Hoy les traigo muy buenas noticias. Un estupendo documental de licencia libre   circula  en Internet. Se titula “Gotas de agua”.  La producción realizada con el propósito de reflexionar sobre la decisión de separar de aula o no a los hermanos múltiples (mellizos, trillizos, etc.) y que plantea preguntas sobre quiénes deben tomar dicha decisión, fue impulsada por Meritxell Palou (madre de gemelas) quien ha padecido la experiencia de separación de salón de sus hijas en contra de su voluntad y por imposición de la escuela.  

En “Gotas de agua”, participan excelentes especialistas. Algunos frecuentemente citados y recomendados por esta servidora, tales como, Elena Mayorga, Ramón Soler, Alejandro Busto Castelli, Rosa Jové, entre otros.   La tan necesaria iniciativa se constituye en un elemento educativo e informativo muy valioso, que bien merece la pena difundirse por todos los medios a nuestro alcance, para que llegue a la mayoría de las familias con múltiples y también a las personas que estén o no involucradas en la atención infantil,  en tanto que invita a cuestionar lo naturalizado y propone puntos de vista diferentes a los habituales en relación al modo en que construimos los vínculos desde  la educación y la crianza, tema que nos atañe a todos por su neurálgica importancia en la formación de sociedades sanas.

Vivimos rodeados e influidos por creencias falsas sobre lo que los niños necesitan.  La de separar a los gemelos o múltiples  en la escuela para que sean capaces de desarrollar su propia identidad, es una de ellas.  He hablado profusamente sobre la tendencia generalizada a dinamitar el vínculo de apego madre-bebé,  de patologizar el afecto y la dependencia de los niños con sus padres como si ello fuera la causa de toda suerte de males, cuando en realidad –tal y como lo dicta la intuición y lo confirma la neurociencia- es la fuente de seguridad y sano desarrollo de los pequeños. De hecho, si analizamos bien,  veremos que los seres humanos no alcanzamos a ser completamente independientes. Somos por definición seres sociales, por tanto interdependientes. Fruto de nuestra naturaleza gregaria nos necesitamos unos a otros para sobrevivir.  Sumemos a esto, el hecho de que en el caso de los múltiples el vínculo es íntimo y muy especial, porque se crea desde el vientre materno y se profundiza con el devenir del tiempo. Se podría decir que en el caso de múltiples, la simbiosis  no se establece únicamente entre mamá y bebé sino entre los hermanos, manteniéndose de por vida, incluso después del desprendimiento natural de la fusión con la madre, tal y como aclara en el documental, Elena Mayorga, terapeuta y directora de la revista Mente Libre.

El sistema educativo se empeña en separar a los múltiples, partiendo muchas veces de creencias atávicas, que responden a determinados intereses y a la comodidad adulta más que a la necesidad de los hermanos.  “…El sentir y estar cerca  a través de la piel, el estar rodeados de redes y de estructuras vinculares que nos apoyan, no puede ser un problema para el desarrollo de ningún ser humano… hay temor a la fuerza del grupo, a la fuerza del colectivo….ojalá vayamos despertando…”. Con estas palabras el psicólogo Alejandro Bustos, explica lo que pare él constituye la causa  subyacente  tras la decisión de separar múltiples por parte del sistema educativo.    En el mismo orden de ideas el psicólogo Ramón Soler habla sobre la relación de control y manipulación hacia los niños que opera en el sistema educativo.  Así es como separando a hermanos que tienen una relación tan especial, se logra manipularlos mejor, nos explica. Se trata del paradigma de  “divide y vencerás”.  Con mucho sentido común, Soler afirma que resulta más difícil doblegar a hermanos con una relación tan estrecha como es el caso de los múltiples.

En lugar de mantener prácticas sustentadas en mitos, la escuela podría tomar en cuenta la observación de las experiencias vitales del niño, señala para este documental,  la profesora de educación infantil primaria, Naira Alamo,  quien agrega “que a pesar de que no hay estudios que lo confirmen existe la creencia de que separar (a los múltiples) les ayuda a formar mejor su identidad porque al estar juntos en la escuela pueden llegar a desarrollarse como la mitad de uno… Afirma Alamo que jamás ha estado con múltiple en el aula que no te corrigiese si lo confundieras con su hermano o con su hermana… “ellos no necesitan estar separados para saber quienes son, cuántos son y qué es lo que les gusta”, asegura desde su experiencia con los niños.

Para finalizar,  en el documental “Gotas de agua”, se despunta y argumenta sobre la importancia de reivindicar el criterio de la familia, de los padres, quienes en todo caso son los que deben tomar la decisión y quienes además respondiendo al sentido común y al instinto, a menudo desean mantener a los múltiples juntos en el aula.    

Enlaces relacionados

El mito de los niños independientes
La angustia de separación, por Carlos González 
Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Reinicio escolar: no permitamos que los niños sufran





"Cualquier cosa que provoque dolor en los niños es una pésima estrategia de crianza" Felipe Lecannelier

Una compañera de trabajo cuenta que dejó a su hijo de dos años en su primer día de preescolar y se lo entregaron con los ojos hinchados y ronco de tanto llorar. Pasó la noche prendido en fiebre. ¿A esto hemos llamado lugares especializados en cuidado infantil? Historias así brotan a raudales durante el período de reinicio escolar.

Hay cosas que por principio ético no se hacen, sea que den el resultado esperado o no. Pegarle a un niño para modificar un comportamiento no deseado, dejar a un niño reventándose en llanto para que duerma toda la noche sin molestar a los padres o para que no se malcríe o para que se acostumbre a quedarse en la escuela, son abusos naturalizados socialmente, que se cometen con mucha frecuencia. Niños forzados a quedarse en la escuela o guardería sin que respetemos sus tiempos ni sus necesidades, obligados a plegarse a la comodidad de un mundo adultocentrista que establece sus propias prioridades en detrimento de las necesidades biológicas y afectivas infantiles. Un mundo de adultos carentes de sensibilidad y de disposición para asegurar los medios necesarios que consoliden una transición suave, respetuosa y amable para nuestros pequeños.

La ocasión es auspiciosa para detenernos a reflexionar y poner sobre la palestra el neurálgico asunto de la carencia de períodos idóneos de integración o adaptación escolar.. Es hora de comenzar a indagar sobre lo que nuestros chiquitines están sintiendo. Hagamos el esfuerzo de establecer conexión con su alma infantil y entender cómo registran emocionalmente el inicio de la experiencia escolar desprendidos de su hogar y del contacto con su figura o figuras de apego principales para ingresar a una institución bajo el cuidado de personas desconocidas, con horarios y rutinas nuevas, basadas en exigencias desmedidas, alejadas de las necesidades naturales y propias de su momento evolutivo, donde además  deben soportar la experiencia sufriente de separación, sin un proceso previo, adecuado, real y cabal de integración.  

El período de adaptación escolar, debería constituirse en una norma, y debería contemplar un proceso que ayude realmente a los pequeños a digerir amablemente  la experiencia de la escolarización. Darles el tiempo que sea necesario con la presencia o en compañía de alguno de sus padres o de un familiar en el que el niño confíe dentro del aula y llevárselo más temprano si es necesario, hasta que progresivamente se quede tranquilo en la escuela, permitir que los padres ingresen al aula toda vez que el niño lo requiera, entre otras medidas, resulta crítico para elaborar la experiencia de integración, sin violencia. Se trata de tomar en cuenta y establecer como prioritarias las necesidades auténticas de niños que se encuentran aún en una etapa de desarrollo en la que no dominan  por completo el lenguaje verbal, en la que no han desarrollado la noción del tiempo y no saben diferenciar cuatro u ocho horas, durante las cuales deben separase de sus padres, de una vida entera. Niños que están acostumbrados a convivir en un ambiente familiar, a unas edades cuyo principal requerimiento es el de vincularse con una figura de apego que sepa interpretar y responder de inmediato sus necesidades, y que de pronto llegan a un lugar físico desconocido, donde se convierten en uno más entre muchos desconocidos sin la madurez cognitiva ni emocional para digerirlo.

Salvo contadas excepciones, ni las instituciones escolares, ni las leyes de protección a la infancia, ni la mayoría de padres y madres están conscientes de la importancia que entraña para el desarrollo de la salud física y emocional de los niños, establecer un correcto y cabal proceso de integración escolar, amable y consecuente con sus necesidades.

La psicóloga infantojuvenil Gladys Michelena, pionera y asesora en creación e implementación de períodos de integración escolar en preescolares de Venezuela, plantea la siguiente pregunta, "si se supone que los preescolares deberían ser lugares adaptados a sus necesidades, ¿por qué los niños tienen que llorar cuando ingresan?". Eso, queridos adultos, es justamente lo que permitimos que pase. En la mayoría de los casos dejamos a los pequeños reventándose en llanto hasta que se cansan y no les queda más remedio que resignarse, condenados a pasar por mucho miedo, desamparo, mucha angustia de separación, sin que repararemos que, para ellos, esta situación es vivida como una experiencia con una carga violenta importante, es decir, su primera experiencia de violencia escolar.

Y es que las guarderías y preescolares no han sido diseñados para cubrir las auténticas necesidades de los pequeños. Han sido pensados como elementos del engranaje de un sistema productivo que exige a los adultos salir a trabajar y dejar (en algunos casos, literalmente depositar) a los pequeños en lugares institucionales creados con presupuestos que no cubren los requerimientos de infraestructura, calidad y cantidad de servicios y de profesionales para satisfacer las verdaderas necesidades de los niños. Esto tiene que cambiar y el cambio depende de cada uno de nosotros.

Enlaces relacionados

El mito de los niños independientes
La angustia de separación, por Carlos González  
Dos grandes vías de crianza
Cómo acompañar a nuestros hijos/as en la vuelta al coleVía blog en minúsculas


jueves, 12 de septiembre de 2013

Un niño puede sentirse abandonado de por vida y por todas las mujeres


 
 
¿Vas de mujer en mujer? Comes sal para no tener sed. Alejandro Jodorowsky 

Hablando sobre conflictos de pareja, cierto amigo inteligente y consciente dijo alguna vez, "un niño puede sentirse abandonado de por vida y por todas las mujeres”.  Así fue como, en una sola frase, recogió la impronta del abandono materno grabada a fuego y que, desde un lugar sin tiempo, se aloja presta a actualizarse y causar toda suerte de accidentes emocionales llegada la adultez. Salvo, claro está,  que se haga lo propio para reconocer y sanar.

Al escuchar esta desgarradora sentencia  me sentí motivada a escribir mi propia reflexión apoyándome en  ideas personales, experiencias de vida y lecturas (principalmente de la autora Laura Gutman) como elementos que construyen esta mirada que comparto con ustedes.

Los niños que  nos ocupan en este post, aunque no lo reconozcan conscientemente, pueden sentirse abandonados incluso por madres físicamente presentes pero que no se comprometen emocionalmente.  Madres que esperan satisfacer sus propias necesidades infantiles  a través de sus hijos, discapacitadas para prodigar a raudales  e incondicionalmente cuerpo, brazos,  mirada,  alimento, el sostén, el respeto y la protección que estos necesitan, porque nunca lo recibieron de niñas, y por lo tanto, no encuentran referentes cuando les toca el turno de maternar.

Es muy probable que el hombre que se siente  abandonado de por vida y por todas las mujeres,  desde algún lugar inconsciente espere ser maternado por su pareja, recibir de su pareja sexual o su compañera de vida el alivio a la tensión y al dolor producto del abandono y la falta de mirada de una madre sostenedora, nutricia, presente, capaz de conectar con sus necesidades y con su alma infantil. Posiblemente, cual niño reclamando pecho a demanda, aún espera siempre la comida caliente y servida,  la esposa o la pareja disponible 24x7, (en continuum  como bebé en busca de apego seguro) para el juego de seducción, para sentirse mirado, admirado y satisfecho…   Pero   ninguna mujer será suficiente para llenar el vacío, en primer lugar, porque así como él ya no es un niño real,  la esposa, pareja, novia, amante, amiga… tampoco es la mamá. En segundo lugar, por aquello del pedido desplazado del que tanto habla Laura Gutman y que consiste en que cuando una necesidad legítima es expresada a través de otro reclamo,  el pedido original nunca será satisfecho. Es decir, cuando se necesita madre sostenedora, nutricia, presente, pero se sustituye a través del pedido compulsivo de mirada, sexo, atención  o del cuidado maternal de la pareja  o de varias mujeres a la vez, porque es lo que se aprendió a obtener desplazadamente (sobre todo en sociedades machistas), la necesidad de contención y afecto nunca será satisfecha.  

Por eso insisto en decir que lo difícil no es  atender las necesidades de los niños reales ahora, que lo realmente agobiante es lidiar con un mundo de niños  eternamente carenciados dentro de cuerpos adultos viviendo en desiertos afectivos.

Hoy nos referimos a los niños abandonados buscando el amor de la madre en cada mujer o en varias mujeres a la vez, discapacitados para ser parejas maduras y relacionarse desde el ser adulto erigido sobre emociones conscientes. Varones  que sufren atascados a lo largo de sus vidas en la búsqueda del “amor romántico” y alejados de la posibilidad de madurar hacia el amor adulto, verdadero. Niños heridos e inseguros, en cuerpos adultos insaciables, devorando afecto, atención, presencia, mirada, contacto, sin lograr satisfacerse al margen de cuánto reciban, porque lo que necesitan, lo que buscan inconscientemente, no es a una mujer, sino a la mamá que no obtuvieron… y mamá es insustituible.  

Ciertamente la misma experiencia de niña eternamente abandonada ocurre a las mujeres, quienes por muy modernas e independientes que nos declaremos, a menudo desesperada e inútilmente vamos tras el varón que se dedique a satisfacer nuestras necesidades infantiles desplazadas. Como dice la Gutman, “El gran, gran problema, es que ya somos personas adultas. Pero funcionamos con nuestras necesidades infantiles insatisfechas.” Tal vez va siendo hora de reconocer que ya hemos crecido, y que por mucho que lo intentemos nadie nos va a dar el amor que no obtuvimos durante nuestra infancia. ¿La manera de sanar?,  en palabras del psiquiatra y maestro Claudio Naranjo, es forjar la virtud de “permitir que nuestra capacidad amorosa sea cada vez menos interferida por nuestra necesidades neuróticas”.   
 
Twitter. @conocemimundo

Un niño puede sentirse abandonado de por vida y por todas las mujeres


 
 
¿Vas de mujer en mujer? Comes sal para no tener sed. Alejandro Jodorowsky 

Hablando sobre conflictos de pareja, cierto amigo inteligente y consciente dijo alguna vez, "un niño puede sentirse abandonado de por vida y por todas las mujeres”.  Así fue como, en una sola frase, recogió la impronta del abandono materno grabada a fuego y que, desde un lugar sin tiempo, se aloja presta a actualizarse y causar toda suerte de accidentes emocionales llegada la adultez. Salvo, claro está,  que se haga lo propio para reconocer y sanar.

Al escuchar esta desgarradora sentencia  me sentí motivada a escribir mi propia reflexión apoyándome en  ideas personales, experiencias de vida y lecturas (principalmente de la autora Laura Gutman) como elementos que construyen esta mirada que comparto con ustedes.

Los niños que  nos ocupan en este post, aunque no lo reconozcan conscientemente, pueden sentirse abandonados incluso por madres físicamente presentes pero que no se comprometen emocionalmente.  Madres que esperan satisfacer sus propias necesidades infantiles  a través de sus hijos, discapacitadas para prodigar a raudales  e incondicionalmente cuerpo, brazos,  mirada,  alimento, el sostén, el respeto y la protección que estos necesitan, porque nunca lo recibieron de niñas, y por lo tanto, no encuentran referentes cuando les toca el turno de maternar.

Es muy probable que el hombre que se siente  abandonado de por vida y por todas las mujeres,  desde algún lugar inconsciente espere ser maternado por su pareja, recibir de su pareja sexual o su compañera de vida el alivio a la tensión y al dolor producto del abandono y la falta de mirada de una madre sostenedora, nutricia, presente, capaz de conectar con sus necesidades y con su alma infantil. Posiblemente, cual niño reclamando pecho a demanda, aún espera siempre la comida caliente y servida,  la esposa o la pareja disponible 24x7, (en continuum  como bebé en busca de apego seguro) para el juego de seducción, para sentirse mirado, admirado y satisfecho…   Pero   ninguna mujer será suficiente para llenar el vacío, en primer lugar, porque así como él ya no es un niño real,  la esposa, pareja, novia, amante, amiga… tampoco es la mamá. En segundo lugar, por aquello del pedido desplazado del que tanto habla Laura Gutman y que consiste en que cuando una necesidad legítima es expresada a través de otro reclamo,  el pedido original nunca será satisfecho. Es decir, cuando se necesita madre sostenedora, nutricia, presente, pero se sustituye a través del pedido compulsivo de mirada, sexo, atención  o del cuidado maternal de la pareja  o de varias mujeres a la vez, porque es lo que se aprendió a obtener desplazadamente (sobre todo en sociedades machistas), la necesidad de contención y afecto nunca será satisfecha.  

Por eso insisto en decir que lo difícil no es  atender las necesidades de los niños reales ahora, que lo realmente agobiante es lidiar con un mundo de niños  eternamente carenciados dentro de cuerpos adultos viviendo en desiertos afectivos.

Hoy nos referimos a los niños abandonados buscando el amor de la madre en cada mujer o en varias mujeres a la vez, discapacitados para ser parejas maduras y relacionarse desde el ser adulto erigido sobre emociones conscientes. Varones  que sufren atascados a lo largo de sus vidas en la búsqueda del “amor romántico” y alejados de la posibilidad de madurar hacia el amor adulto, verdadero. Niños heridos e inseguros, en cuerpos adultos insaciables, devorando afecto, atención, presencia, mirada, contacto, sin lograr satisfacerse al margen de cuánto reciban, porque lo que necesitan, lo que buscan inconscientemente, no es a una mujer, sino a la mamá que no obtuvieron… y mamá es insustituible.  

Ciertamente la misma experiencia de niña eternamente abandonada ocurre a las mujeres, quienes por muy modernas e independientes que nos declaremos, a menudo desesperada e inútilmente vamos tras el varón que se dedique a satisfacer nuestras necesidades infantiles desplazadas. Como dice la Gutman, “El gran, gran problema, es que ya somos personas adultas. Pero funcionamos con nuestras necesidades infantiles insatisfechas.” Tal vez va siendo hora de reconocer que ya hemos crecido, y que por mucho que lo intentemos nadie nos va a dar el amor que no obtuvimos durante nuestra infancia. ¿La manera de sanar?,  en palabras del psiquiatra y maestro Claudio Naranjo, es forjar la virtud de “permitir que nuestra capacidad amorosa sea cada vez menos interferida por nuestra necesidades neuróticas”.   
 
Twitter. @conocemimundo